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Procesos migratorios de la población indígena al Área Metropolitana de Buenos Aires, una situación invisibilizada que sucede hace años

Sasha Cherñavsky, Juan Manuel Engelman, Rocío M. Míguez Palacio, Anabel Pavone, Sebastián Valverde, Sofía Varisco, María Laura Weiss,

Aunque haya desconocimiento al respecto, tanto en la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) como en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) viven diversos pueblos originarios que migraron desde el interior del país hacia zonas urbanizadas. Este proceso migratorio sucedió en distintos momentos de la historia Argentina como fruto, entre otras causas, del proceso de expulsión, las campañas militares y los desplazamientos compulsivos. Actualmente en Argentina de cada cuatro integrantes de pueblos originarios tres viven en las ciudades, y de esos cuatro uno vive en la CABA y el Gran Buenos Aires (Ubanex, 2016).

Ubanex: “Qué va a ser indigena si es mi vecino? Indigenas en la ciudad: Visibilizando una realidad desconocida y negada”

Se encuentra muy extendida en el conjunto de la sociedad la imagen (por cierto errónea), que supone que los pueblos indígenas residen exclusivamente en áreas rurales, alejados de los grandes centros urbanos o en los denominados “Desiertos” (Chaco y Patagonia). En las ciudades, la presencia indígena se encuentra sistemáticamente negada, ocultada tras diversos grupos discriminados y excluidos –como los denominados “cabecitas negras”, “negros”, “villeros”, o bien bolivianos, paraguayos, peruanos, etcétera–. A ello se le suma otra falacia, la cual sostiene, que los integrantes de los pueblos originarios supuestamente “dejan de ser” indígenas cuando migran a las ciudades y que por lo tanto “pierden su cultura”, que estaría asociada a “lo rural” como ámbito “natural” de pertenencia.

“Los pueblos indígenas en las ciudades. Una realidad desconocida que despierta múltiples prejuicios”

La imagen extendida en el conjunto de la sociedad, acerca de los pueblos indígenas, supone (erróneamente) que residen en áreas rurales alejados de los grandes centros urbanos o en los denominados “Desiertos” (Chaco y Patagonia). En las ciudades, la presencia indígena se encuentra sistemáticamente negada, ocultada tras diversos grupos discriminados y excluidos –como los denominados “cabecitas negras”, “negros”, “villeros”, o bien bolivianos, paraguayos, peruanos, etcétera–. A ello se le suma otra falacia la cual asume, sin motivo alguno, que “dejan de ser” indígenas cuando migran a las ciudades y por lo tanto (supuestamente) “pierden su cultura”, que estaría asociada a “lo rural” en tanto ámbito “natural” de pertenencia indígena.

“Los pueblos indígenas en las ciudades: una realidad desconocida que despierta múltiples prejuicios”

La imagen extendida en el conjunto de la sociedad, acerca de los pueblos indígenas, supone (erróneamente) que residen en áreas rurales alejados de los grandes centros urbanos o en los denominados “Desiertos” (Chaco y Patagonia). En las ciudades, la presencia indígena se encuentra sistemáticamente negada, ocultada tras diversos grupos discriminados y excluidos – como los denominados “cabecitas negras”, “negros”, “villeros”, o bien bolivianos, paraguayos, peruanos, etc.-. A ello se le suma otra falacia la cual asume, sin motivo alguno, que “dejan de ser” indígenas cuando migran a las ciudades y por lo tanto (supuestamente) “pierden su cultura”, que estaría asociada a “lo rural” en tanto ámbito “natural” de pertenencia indígena.

“Todavia nos duelen esas masacres… el pueblo mocovi,el pueblo qom, seguimos reclamando justicia”

El genocidio se nos presenta, muchas veces, desde el sentido común –y desde algunas lecturas– como un fenómeno que no es usual, como una “particularidad” o como un “exceso” (Trinchero, 2009:47). Sin embargo, el grave error de estas concepciones está en la imposibilidad de analizar el genocidio como prácticas sistemáticas y recurrentes, pero que además no se limitan únicamente al momento colonial. Por el contrario, el genocidio hacia los pueblos indígenas (como también hacia otros grupos sociales como obreros, etc.) son constituyentes de la modernidad y del Estado argentino capitalista conformado a partir de mediados del Siglo XIX (Trinchero, 2009).